Por Mar Duque, Directora General de AFBEL, para El Economista

El pasado 14 de marzo el Gobierno imponía el Estado de Alarma, ante el aumento de casos de la COVID-19 en España. Hoy, cuatro meses después no podemos olvidar el papel fundamental papel que jugó la industria española de bienes de equipo eléctrico en un momento de crisis global sin precedentes, ni el que tendrá en la recuperación de la economía de la nueva normalidad.

Durante la emergencia sanitaria el sector de bienes de equipo eléctrico demostró ser esencial e imprescindible para mantener el suministro de las redes y de las infraestructuras indispensables para la economía y la sociedad.

Todo tipo de servicios críticos pudieron asegurar la continuidad de sus sistemas eléctricos gracias a los operadores de transporte y distribución y a los de generación eléctrica. Operadores que han seguido contando con nuestros productos y servicios de forma ininterrumpida.

Para que la red eléctrica española siguiera en perfecto estado, se activaron casi inmediatamente los sistemas y protocolos de higiene y protección propios, invirtiendo en aquellos materiales de seguridad necesarios tanto para los trabajadores como para los clientes, y manteniendo un ritmo de trabajo a tres turnos. Los fabricantes de bienes de equipo para la red de transporte y distribución dan soporte con sus productos a los operadores del sistema, incluidas las pequeñas compañías distribuidoras locales, junto a los operadores de generación eléctrica renovable y convencional e instaladores y otros clientes que permiten dotar de energía eléctrica a grandes consumidores como hospitales, supermercados, aeropuertos o IFEMA; tan imprescindibles y cruciales en un momento como éste.

No obstante, el incremento de estas medidas de seguridad ha tenido como efecto la disminución de la productividad. Este hecho, unido a las extraordinarias inversiones en logística y, en paralelo, la volatilidad del precio de las materias primas ha provocado un aumento considerable de los costes en un sector de márgenes ajustados.

Debemos recordar que, en España, este sector está integrado por más de 45 empresas que emplean a 26.000 trabajadores (empleo directo e indirecto), sumando unas ventas anuales de aproximadamente 3.000 millones de euros. Destacan sus ratios de productividad y valor añadido que hacen tener un fuerte efecto tractor sobre los proveedores nacionales y la economía local, dada su elevada inversión en I+D, casi dos veces superior respecto a la media de la industria manufacturera, especialmente en sectores estratégicos en un futuro cada vez más digital y eléctrico.

En la nueva normalidad, el sector de fabricantes de tecnología para la red eléctrica es más crítico que nunca para relanzar la actividad económica.

Por ello, es necesario reflexionar sobre cómo puede recuperar la rentabilidad y competitividad perdidas ya que sus precios se habían mantenido estables pese a la bajada de productividad.

Las cifras son contundentes. Con anterioridad a la irrupción del coronavirus, se preveía que la descarbonización, la modernización y digitalización impulsarían un incremento de inversiones en el sector eléctrico. En este sentido, se estimaba una inversión en redes en España de entre 38.000 y 46.000 millones de euros hasta 2030 al tiempo que la generación renovable conllevará inversiones adicionales cercanas a los 7.000 millones de euros en equipos eléctricos. La comercialización de equipos eléctricos derivados de las inversiones en redes y nueva generación renovable alcanzaría los 25.000 a 32.000 millones de euros.

Y si la digitalización ya era clave antes de la covid-19, en la nueva normalidad lo será aún más y, sin duda, las inversiones se mantendrán en esta línea. Porque para hacer la red de distribución más inteligente es necesario digitalizarla. Y tal digitalización debe cubrir toda la cadena, desde la estación transformadora de distribución (ETD) hasta el punto de consumo. Se han llevado a cabo múltiples proyectos piloto en toda Europa, muchos de ellos exitosos, que han demostrado que el estado del arte de la tecnología se encuentra a la altura de la necesidad. Y muchos de los tecnólogos y fabricantes de componentes y sistemas inteligentes que lo han hecho posible son españoles.

Por otra parte, el sector recibió con gran entusiasmo y optimismo la tramitación de la Ley de Cambio Climático, incluso era la primera de las medidas que la asociación de fabricantes españoles de tecnología para la red eléctrica de transporte y distribución había propuesto para reactivar las inversiones en el tejido eléctrico.

Este proyecto de Ley es un paso importante en la lucha a favor del medio ambiente al tiempo que traerá consigo la inversión en sectores de alto valor añadido con contenido nacional e impulsará la transición energética, totalmente necesaria para mejorar la competitividad de la industria española a través de la electrificación de la economía.

El único vector energético susceptible de sustentarse únicamente en fuentes ecológicamente neutras es el vector eléctrico.

En definitiva, el avance hacia descarbonización global de la economía, alcanzando los objetivos de 2030 y 2050 y consiguiendo los niveles más altos de eficiencia energética, podrá ser una realidad si, y solo si, se incorpora una mayor penetración del vector energético eléctrico, con la integración de más renovables.

Como ante cualquier crisis, la recuperación económica sólo puede venir con inversiones masivas para proteger y crear empleos cualificados y de calidad; apoyando a todas las regiones sin excepción, a sus empresas y sectores tras haber sufrido esta inesperada y repentina paralización de la economía.

Por tanto, los fabricantes de bienes de equipos eléctrico de media y alta tensión se encuentran en disposición de afrontar la recuperación con mejores perspectivas que otros sectores. Y esto son muy buenas noticias.

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