Queda apenas un año para que entre en vigor el Acuerdo de París y los Estados miembros deben plantearse de forma seria las acciones que van a realizar para poder cumplir con los objetivos medioambientales planteados

En la COP24 que se celebró la semana pasada en el seno de las Naciones Unidas se presentó el Emissions Gap Report 2018. Este informe analiza la distancia entre la senda de emisiones con las políticas y objetivos actuales y las sendas que serían consistentes con el objetivo de frenar el calentamiento global en 2 grados y 1,5 grados respectivamente. Las conclusiones del informe son claras: aún es posible cumplir los objetivos marcados en París, pero los compromisos adquiridos actualmente por los Estados no serán suficientes para evitar una subida superior a los 2 grados centígrados.

Se puede debatir mucho sobre los caminos a seguir para cumplir con este reto, pero lo que parece claro es que el mejor CO2 es el que no se emite. Atendiendo al desarrollo tecnológico actual y al uso intensivo de energía de la sociedad, el camino deberá contar con un mayor protagonismo de la electricidad, una energía que se puede generar sin emitir CO2 a la atmosfera, es barata, fiable, eficiente y limpia.

La Agencia Internacional de la Energía lo pone de manifiesto en su informe anual presentado el pasado mes de noviembre, asegurando que la electricidad será la estrella del proceso de transformación. Considera que el potencial de la electricidad es enorme, asegurando que es técnicamente viable que el 65% de la energía final consumida sea eléctrica. En España hoy el porcentaje que supone la energía eléctrica está en el 24% y, según Deloitte, para cumplir con los objetivos medioambientales deberíamos avanzar hasta un 35% de electrificación en 2030. Es posible que a un ciudadano de a pie le digan poco estos números. Quizá baste con que pensemos que al menos deberíamos ser capaces de sustituir por electricidad la energía que almacenan los combustibles de los depósitos de combustible de nuestros vehículos, y ser más eficientes medioambientalmente en la forma en que consumimos energía en nuestros hogares y en nuestros trabajos.

Para conseguir este incremento del uso de la electricidad primero tendríamos que ser capaces de producir una mayor cantidad de electricidad sin emitir CO2. Por suerte la tecnología ya permite generar energía renovable a un precio competitivo, lo que habilitará que podamos iniciar el proceso de transformación del mix energético.

Una vez que tuviéramos suficiente capacidad de generación, tendríamos que garantizar que esta energía pueda llegar a los ciudadanos cuando éstos la necesiten y, al menos, a los niveles de calidad actuales. Para ello sería preciso adaptar las redes para que sean capaces de gestionar unas fuentes de generación condicionadas por la disponibilidad del sol y del viento.

Por último, nos quedaría que los ciudadanos eligieran la electricidad para sustituir a las otras energías más contaminantes que usan en la actualidad. En este ámbito, los aspectos de mayor potencial de crecimiento estarían en la calefacción y climatización de nuestros hogares y, como no, en el desplazamiento por carretera. No cabe ninguna duda que el coche eléctrico nos permitiría conseguir una reducción decisiva de las emisiones de CO2 y contribuiría a que los habitantes de las ciudades disfrutaran de un aire más limpio.

La Agencia Internacional de la Energía puso de manifiesto en su informe que, para que se produzca esta transformación, las señales de inversión vendrían dadas en un 70% por las políticas de los Estados y sólo en un 30% por señales de precios de los mercados. Ante esta situación, es preciso que los Gobiernos cobren conciencia del reto, de su magnitud, y tomen medidas claras para iniciar el camino.

Pero no sólo los Gobiernos han de actuar, los ciudadanos también tenemos que hacerlo pues somos nosotros quienes, en última instancia, decidimos cómo consumimos y qué tipo de energía. Aquí hay mucho camino por hacer. Tenemos que reflexionar sobre cómo usamos la energía pues muchas veces la consumimos de forma innecesaria. También deberemos plantearnos si no habría otras alternativas más limpias y eficientes. Sin duda, podemos hacer nuestro día a día más limpio con la electricidad: cocinar, calentar o refrigerar nuestros hogares, desplazarnos…

Como ciudadanos tenemos que concienciarnos sobre la importancia que tiene dejar un futuro viable a las generaciones venideras. Tenemos que actuar desde nuestro día a día y exigir a nuestros gobernantes que impulsen de forma decidida el cambio.

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