Entrevista a Guillermo Amann, Presidente Asamblea General de AFBEL, por UNE – La Revista de la Normalización Española

Para la asociación española que aglutina a la práctica totalidad de fabricantes nacionales de equipamientos, productos y soluciones para redes eléctricas de transporte y distribución, AFBEL, la normalización es un gran aliado porque impulsa la competitividad de sus empresas.

¿Qué aporta la normalización a su sector?

El sector eléctrico ha sido siempre ferviente defensor de la normalización. No en vano existe CENELEC, organización de normalización hermana de la genérica CEN, pero específica en los temas relacionados con el sistema eléctrico en toda su extensión.

No es una cuestión puramente de principios, es una cuestión de analizar lo que el sector entiende que es mejor para un funcionamiento excelente de toda su cadena de valor.

Desde la Asociación Española de Fabricantes de Bienes de Equipo Eléctricos de Alta y Media Tensión (AFBEL) siempre hemos considerado la normalización como un aliado porque nos facilita nuestro trabajo desde el desarrollo del producto hasta su puesta en el mercado. El desarrollo del producto se simplifica mediante el establecimiento de los valores, parámetros, características, funcionalidades y concreción del desempeño que la norma fija que el producto debe cumplir durante su vida útil. La homologación se clarifica a través de la definición normativa de los métodos de prueba y los criterios de evaluación.

¿Cómo apoyan las normas, europeas y nacionales, a la competitividad del sector?

Las normas definen el marco de relación entre proveedores y usuarios, entre fabricantes y clientes, facilitando a ambos su labor. A los primeros les define el qué y el cómo configurar el producto, y a los segundos, les facilita enormemente la comparación, estructurada y aséptica, del abanico de productos y soluciones que se les ofrece.

Además, los fabricantes valoramos su existencia como factor que beneficia la competitividad de nuestras empresas. Un análisis superficial de cualquier norma podría llevar a pensar que su exigencia es una carga adicional que incrementa el coste de los productos que define. Pero no es así.

Las normas contribuyen a reducir los costes de fabricación al permitir ciertos grados de uniformidad de la producción, además de permitir organizar más eficientemente la fabricación seriada a través del establecimiento de procesos de manufactura más precisos y uniformes.

Y las ventajas de las normas llegan incluso al trabajo comercial de puesta en el mercado. Una norma correctamente definida permite analizar la idoneidad y adaptación de tu producto a una determinada demanda y simplifica la organización de la información que se presenta al cliente en ofertas y concursos.

No hay que olvidar otro factor relevante que facilita la labor de puesta en el mercado del producto; las normas son, en su inmensa mayoría, europeas. Su amplio espectro de aplicación facilita el mercado único en la Unión Europea y el acceso a multitud de mercados internacionales.

Además de todas estas ventajas las normas facilitan la concreción del entorno regulatorio. Los reglamentos apoyándose en que la norma ya ha acotado, concretado y definido la caracterización técnica del producto en cuestión, pueden centrarse en los condicionamientos medioambientales, sociopolíticos y no tecnológicos de toda índole en los que pueden aportar más valor.

¿Qué áreas considera que necesitan mayor desarrollo normativo?

Las normas son entes vivos. Se deben adaptar a la imparable evolución de la tecnología, a las nuevas solicitudes de uso a las que los productos se pueden ver sometidos y a la demanda creciente de implicación y eficiencia medioambiental. Es necesario mantener siempre activa la evolución normativa; y ese trabajo, es un trabajo de todos.

Leave a comment

1 × 5 =