Por Mar Duque, Directora General de AFBEL, para CINCO DÍAS

España necesita políticas que maximicen el impacto económico del proceso

La transición energética debe ser una oportunidad para las economías industrializadas. La Comisión Europea adoptó recientemente el cuarto informe sobre el estado de la Unión de la Energía, que asegura que las políticas europeas han puesto la Unión Europea en el camino hacia una transición a la energía limpia que permita aprovechar las oportunidades económicas que ofrece, generando crecimiento y empleo.

En este contexto, el mercado de equipos eléctricos mundial crecerá en la próxima década por la descarbonización, la creciente necesidad de modernización y digitalización de las redes y el acceso a la electricidad en países en desarrollo. La inversión global asociada a la transición energética puede alcanzar los 7 billones de euros en las redes eléctricas y otros tantos en generación renovable hasta 2040. Esto se traduciría en una oportunidad para el sector de la fabricación de bienes de equipo eléctricos de hasta 3,4 billones de euros en dicho periodo.

Las inversiones de la transición energética van a ser una oportunidad para la industria española. El sector de fabricación de bienes de equipo eléctrico superó el reto de la crisis económica, y destaca por sus tasas de productividad, así como de creación de valor añadido e inversión en I+D (de media, el doble que la media de la industria manufacturera).

En relación con su potencial de crecimiento, el estudio elaborado por Monitor Deloitte en colaboración con Afbel El sector de fabricación de bienes de equipo eléctrico ante la transición energética: una oportunidad industrial indica que la transición implicará unas inversiones totales en redes eléctricas de entre 46.000 y 55.000 millones de euros hasta 2030 en España. Adicionalmente, la nueva generación renovable en nuestro país conllevará inversiones de 7.000 millones de euros en equipos eléctricos hasta 2030.

En suma, el estudio estima que se comercializarán en España entre 25.000 y 32.000 millones de euros en equipos eléctricos vinculados a la transición energética hasta 2030. Capturar esta oportunidad permitirá la recuperación de la actividad previa a la crisis económica para este sector, y también para otros sectores, dado el elevado porcentaje de cadena de proveedores nacionales que utiliza, y que en algunos equipos puede llegar al 80%.

Para aprovechar esta oportunidad, la industria española está en disposición de fabricar productos de mayor valor añadido, como nuevos bienes de equipo eléctricos que contribuyan a la digitalización de la red eléctrica y mitiguen los retos de la transición energética; por ejemplo, la integración de un volumen creciente de energía renovable no gestionable y de autoconsumo, o el despliegue de la infraestructura de carga inteligente del vehículo eléctrico. Estos equipos digitales harán más fuerte a la industria española frente a la creciente competencia de productos extracomunitarios de bajo coste.

El sector ya ha comenzado la transformación para ganar aún más competitividad, gracias a las ventajas de la Industria 4.0, la inversión en I+D y la mayor capacitación de su fuerza laboral. Si el sector consigue aprovechar el mayor potencial de ventas nacionales y exportaciones asociadas a la transición, su actividad podría duplicarse en la próxima década, para lo que será clave aprovechar el efecto arrastre de empresas españolas tanto el mercado nacional, como en otros mercados internacionales como las renovables.

España necesita ine­ludiblemente políticas que maximicen el impacto económico de la transición energética. Será clave una política industrial que potencie el posicionamiento de la industria española (por ejemplo, a través de planes integrales de transformación de Industria 4.0), la cooperación industrial entre operadores y fabricantes, y las iniciativas intersectoriales. En relación con la política energética, es fundamental adaptar el modelo retributivo de las redes eléctricas –con una retribución adecuada para incentivar las inversiones, la innovación y la actividad económica– y desarrollar una planificación de las inversiones.

En definitiva, es un hecho que la transición energética es una oportunidad para sentar las bases de una nueva economía, mientras se crea actividad en sectores económicos clave, como la edificación, la movilidad o la generación renovable. La transición energética es una oportunidad de oro que no podemos desaprovechar para conseguir un modelo económico más sostenible.

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